Ivonne Cazar, víctima del machismo y del ‘espíritu de cuerpo’ policial (2)

Se perdió en un espacio de 60 metros
Ivonne Cazar fue vista por última vez la noche del 1 de marzo de 1996, cuando en horas de la noche llegó a las calles Cornelio Merchán y Nicanor Aguilar, de Cuenca, donde vivía. Según información recogida por los investigadores, ella arribó al sitio a bordo del vehículo del doctor Pablo Cordero, catedrático de la Universidad del Azuay; y con una compañera de estudios identificada como Helen Maldonado. En sus versiones, ambos dijeron que la dejaron en la esquina porque ella así lo deseó. Cárdenas, cuenta que a la universitaria siempre le gustaba quedarse en ese sitio y caminaba unos 60 metros a casa. ¿Qué sucedió después de ese instante?
Un guardia del barrio, de nombres Nelson Gutama Laso, fue la última persona que saludó con la joven en ese sector. Indicó en su testimonio que vio a la universitaria caminar hacia el apartamento que rentaba; y que entre sus manos llevaba una cartera y un abrigo. Esos mismos accesorios aparecerían, al día siguiente, afuera de la casa donde ella vivía. Le fueron entregados a la propietaria del inmueble por una mujer joven (inidentificada) que dijo que los había hallado al pasar por el sitio. En el proceso consta que, pese a que había llovido durante toda la madrugada, ambas pertenencias estaban secas. Así denunció su hermana Aida.

Imagen: Facsímil del diario El Tiempo, de Cuenca, que da cuenta de una manifestación, en 1996, de los comapñeros universitarios de Ivonne Cazar, que exigían una investigación. El juicio recién se abrió dos años más tarde.
Cárdenas recuerda que entonces la Policía indicaba que al parecer un automóvil de color blanco aguardaba a la universitaria cerca de su casa. «Decían que la había estado siguiendo y que la estaba esperando porque ella nunca entró a su vivienda. Y, voluntariamente, se subió al carro. Por eso creían que había sido alguien conocido, pero no hay testigos de eso… Ahí viene la teoría (de sospechar) de una persona que se llama César Jerves, quien fue uno de los investigados en el proceso. Y el carro de Verónica Tama, también, que era un carro blanco. Los dos tenían autos blancos: el uno era un Skoda; y el otro era un wolskwagen Gol…”, recuerda el profesional del derecho. A raíz de esa versión, se investiga a ambos en el proceso.
César Augusto Jerves Rojas, María Verónica Tama Vintimilla y el oficial de policía Diego Andrés Gómez-Jurado Astudillo, fueron los únicos sindicados dentro del proceso penal.


Los dos hombres indicaron que habían conocido a Ivonne dos días antes de su desaparición. Se las presentó Verónica Tama, quien a su vez entabló amistad con ella por la cercanía que mantenía con su esposo, José Serrano, como líderes estudiantiles de la Universidad del Azuay…


En sus versiones, los dos hombres indicaron que habían conocido a Ivonne dos días antes de su desaparición. Se las presentó Verónica Tama, quien a su vez entabló amistad con ella por la cercanía que mantenía con su esposo, José Serrano, como líderes estudiantiles de la Universidad del Azuay. En su testimonio María Verónica Tama indica que, hasta las 17:30 de ese 1 de marzo, la joven desparecida estuvo compartiendo con ella en su vivienda; y, desde ahí, se trasladaron a la clausura del Seminario de Derecho Tributario. Después ella se había ido a una cena.
En la investigación, además, se tomó la versión de Diego Gómez-Jurado Astudillo. En una parte de su versión él asegura: «…señor juez quiero aclarar en este momento que la noche del primero de Marzo, cuando yo me refería que estaba con mi hermano, César Jerves y Alfredo Moscoso en la vereda de Pitys, pasó Verónica Tama con una amiga, chica, y entonces pregunté yo quien era la que acompañaba a Verónica Tama, ya que yo me encontraba de espaldas hacia la calle y César Jerves que se encontraba con la vista a la calle supo manifestar que era Ivonne Cazar y esperamos a que den la vuelta para cerciorarnos lo cual ya no fue posible… (sic)». Además, dijo que esa noche no tuvieron una merienda familiar en casa de la madre de su cuñada Verónica Tama, pues el padre de él (un alto oficial de la Policía) no había llegado desde Quito.
Existen algunas diferencias en las versiones que dio Verónica Tama a la Fiscalía de Azuay dentro del proceso. E incluso se señala que la entonces señora de Serrano habría incurrido en el delito de destrucción de documentos públicos, pues, según uno de los investigadores del caso, de nombre Polivio Aymar Ludeña, después de haber dado su versión tras la desaparición de su amiga Ivonne, ella volvió a la policía para entregar una declaración que había sido redactada en un lugar distinto a esas dependencias. «La declaración inicial fue destruida delante de dicha señora y, como tiene manifestado, se procedió a tomarle una nueva entrevista…(sic)», indicó Aymar, quien asegura que Verónica Tama exigió que se le cambie la versión. ¿Qué indicó en esa versión original que luego quiso cambiar?, hasta hoy se desconoce.
‘No hubo investigación seria’
Dentro de las observaciones de la Segunda Sala de lo Penal de Azuay se indica: «Se puede apreciar que no existió una investigación seria, técnica y oportuna, que ha permitido que la misma se desvíe del principal objetivo cual fue dar con el paradero de la desaparecida (sic)». Y una de las conclusiones es: “Se presume que el viernes 01 de marzo de 1996 a las 21H30 aproximadamente, luego de ser dejada en la intersección de las calles Nicanor Aguilar y Padre Sodiro, entre la caseta del Guardia que le vio por última vez y su domicilio pudo haber sido recogida por alguna persona conocida de ella ya que de haber violencia el Guardia y vecinos del lugar se hubieran percatado…(sic)”.
En las conclusiones de la investigación también se indica que, «…de conformidad con el art. 241 del Código Adjetivo Penal, esta sala se pronuncia por el sobreseimiento provisional del proceso y definitivo  de los sindicados, recalcando que si a través del tiempo se establecen presunciones o pruebas de que la señorita Ivonne Cazar fue víctima de un delito de homicidio simple o asesinato, se iniciará un nuevo juicio en razón de esta infracción”. Lo que ha sucedido ahora, a inicios de marzo del 2016, cuando, por sugerencia de la Fiscalía de Guayas, se dispuso se reabra el caso.
Fue el 2 de febrero de 1998, cuando la Tercera Sala Penal de la Corte Provincial del Azuay emitía esa resolución. Además, hizo la siguiente recomendación «…tanto al señor agente fiscal, para que de conformidad con el literal a) del art. 19 de la Ley actual del Ministerio Público, realice las indagaciones y la investigación, con el apoyo de la Policía Judicial, para lograr determinar con precisión, no sólo la existencia de la infracción del plagio, sino que se llegue a determinar a los autores, cómplices y encubridores, esperando así mismo del Ministro Fiscal, que supervigile la conducción de estas indagaciones e investigaciones con el fin de poder establecer y descubrir la realidad del hecho que motiva este juicio… (sic)».


El proceso por la desaparición de Ivonne Cazar Ramírez permaneció estancado desde el 3 de febrero de 1998 hasta el 20 de enero del 2014, cuando el juez primero de Azuay, Miguel Antonio Arias, dispuso que se dicta auto de sobreseimiento definitivo del proceso y a favor de los entonces sindicados…


Sin embargo, el proceso por la desaparición de Ivonne Cazar Ramírez permaneció estancado desde el 3 de febrero de 1998 hasta el 20 de enero del 2014, cuando el juez primero de Azuay, Miguel Antonio Arias, dispuso que: “…en aplicación a lo previsto en el Art. 248 del C. de P. Penal, se dicta auto de sobreseimiento definitivo del proceso y a favor de los entonces sindicados César Augusto Jerves Rojas, Diego GómezJurado Astudillo y María Verónica Tama Vintimilla. En esta virtud se dispone que se mantenga el proceso en el archivo y se dé la baja respectiva del archivo (del Consejo) de la Judicatura… (sic)”.
Dentro del expediente del caso de Ivonne está la declaración que dio su padre, Alcides Cazar, el 2 de abril de 1996. Ahí recordó las palabras que le había dicho el actual ministro del Interior: “El señor (José) Serrano nos insistía que hiciéramos la propaganda porque no vaya a suceder lo que había sucedido con los chicos Restrepo…”. Pero, pese a los plantones de los universitarios exigiendo justicia, el caso está impune. Y es una historia más de desaparición no resuelta de las que se repiten en Ecuador. Es lo que más lamenta Galo Cárdenas, quien, cuando recuerda el hecho sufre una transformación emocional notoria en su rostro. Se sonroja, de las iras. Llora, de impotencia. Y confiesa que renunció a ser penalista porque el proceso que se siguió en el caso Ivonne Cazar lo decepcionó. Le marcó la vida. Marca que, seguro, también lleva la familia de Ivonne que hasta el momento no ha iniciado una demanda contra el Estado…

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